Sobre desasosiego

Desasosiego es un archivo vivo, una escuela personal y una forma de resistencia intelectual ante un mundo que aprendió a llamar desarrollo a muchas de sus formas de destrucción.

No es un blog ambiental en sentido estrecho. Tampoco es una página de opinión política, aunque la política atraviesa casi todo lo que aquí se escribe. Es un espacio para pensar los problemas complejos del mundo real: crisis ecológica, desigualdad, urbanización, extractivismo, pérdida de territorio, captura del Estado, tecnologías de salvación, espiritualidad, ciencia, cultura y vida cotidiana.

La pregunta que sostiene este proyecto no es solo qué está pasando con el planeta. La pregunta es más incómoda: ¿qué tipo de civilización produce estas crisis?, ¿qué formas de pensamiento las justifican? y ¿qué tendríamos que aprender para dejar de repetirlas?


Desde dónde se escribe

Desasosiego se escribe desde una formación en ciencias ambientales, gestión intercultural, filosofía de la ciencia, investigación socioambiental y trabajo territorial. Pero también se escribe desde una inquietud más antigua: la necesidad de entender por qué las sociedades humanas suelen conquistar, medir, vender o administrar aquello que les da vida.

Aquí conviven la ecología, la economía ecológica, la ciencia posnormal, los sistemas complejos, la transdisciplina, la investigación acción participativa, la crítica al desarrollo, la política, la memoria, la espiritualidad y la experiencia directa con territorios concretos.

No se trata de mirar la naturaleza como un objeto externo. Se trata de reconocer que la economía, las ciudades, las instituciones, los deseos, las tecnologías y las formas de vida son parte del mismo sistema. Cuando uno de esos elementos se desordena, el daño no se queda quieto. Se propaga.


Qué sostiene este proyecto

Desasosiego parte de varias intuiciones fuertes.

La primera: muchas crisis no son fallas del sistema, sino consecuencias normales de un sistema diseñado para convertir territorio, trabajo, agua, energía, atención y vida en acumulación.

La segunda: la naturaleza no se defiende sola en los espacios donde se toman decisiones. No tiene lobby, no tiene abogado permanente, no tiene campaña publicitaria. Casi siempre llega tarde a las mesas donde ya se repartió su futuro.

La tercera: no basta con tener datos. Hace falta aprender a interpretar relaciones, escalas, historias, intereses y consecuencias. Un mapa puede revelar un territorio, pero también puede domesticarlo. Un indicador puede ayudar a entender una crisis, pero también puede volver invisible lo que no cabe en su fórmula.

La cuarta: no necesitamos una fe ciega en la tecnología ni una nostalgia ingenua por el pasado. Necesitamos otra inteligencia civilizatoria: una manera de vivir que pueda usar los sistemas sin romperlos.


Qué encontrarás aquí

Encontrarás ensayos largos y breves, crónicas territoriales, textos de análisis, imágenes, notas de campo, ideas en desarrollo y piezas más personales. Algunos textos partirán de Tepoztlán, Morelos, porque todo pensamiento necesita un suelo desde donde mirar. Otros se moverán hacia México, América Latina y el mundo, porque las crisis locales casi nunca son solamente locales.

Los temas aparecerán una y otra vez desde distintos ángulos: desarrollo, poder, fuego, agua, urbanización, biodiversidad, cambio de cobertura, fauna silvestre, crisis climática, élites, tecnologías, comunidades, espiritualidad, sistemas de creencias, territorio, memoria y futuro.

No todos los textos ofrecerán soluciones inmediatas. Algunos buscarán abrir preguntas. Otros intentarán ordenar un problema. Otros serán una advertencia. Otros, quizá, una forma de acompañamiento para quienes también sienten que mirar de frente el mundo contemporáneo produce una mezcla extraña de rabia, lucidez, tristeza y responsabilidad.


Lo que este sitio no quiere ser

Desasosiego no quiere ser una fábrica de opiniones rápidas. Tampoco una colección de frases bonitas sobre la naturaleza. No pretende convertir problemas complejos en recetas fáciles ni vender esperanza como si fuera mercancía.

Este sitio tampoco parte de la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Muchas sociedades han destruido sus entornos, y ninguna cultura está libre de contradicciones. Pero sí quiere cuestionar una mentira repetida con demasiada comodidad: que las formas modernas de desarrollo son siempre superiores, más racionales o más sostenibles que las formas locales, comunitarias o tradicionales de relación con el mundo vivo.

A veces lo que se llama atraso era otra forma de límite. A veces lo que se llama progreso es apenas una manera más elegante de romper el suelo.


Por qué compartirlo ahora

Porque la crisis ya no está lejos. Está en la forma en que crecen las ciudades, en el precio de la tierra, en los incendios, en la escasez de agua, en la pérdida de fauna, en la ansiedad cotidiana, en la precariedad, en la captura de las instituciones, en el lenguaje publicitario de la sostenibilidad y en la sensación de que casi todo se puede vender.

Pero también porque todavía hay pensamiento, comunidad, memoria, ciencia, imaginación y práctica. Todavía hay formas de mirar que no han sido completamente colonizadas por la urgencia del mercado. Todavía podemos preguntarnos qué significa vivir bien sin convertirnos en depredadores de nuestro propio mundo.

Desasosiego existe para reunir esas preguntas.


Una invitación

Este sitio es una invitación a mirar con más cuidado. A desconfiar de las soluciones demasiado limpias. A preguntar quién gana, quién pierde, qué se rompe, qué se oculta y qué futuro queda después de cada decisión.

No se trata solo de entender la crisis. Se trata de recuperar la capacidad de pensar y actuar con la Tierra.